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Nuevas tecnologías en la industria textil

Del 3D a la inteligencia artificial: nuevas tecnologías revolucionan la industria textil

Stephanie Mayer

Las tecnologías del 3D, la realidad aumentada o la inteligencia artificial son algunas de las herramientas empleadas por las empresas de la moda para hacer frente a las demandas de los consumidores y aumentar su sostenibilidad ambiental, social y económica.

Este artículo ha sido traducido desde el inglés

Si entras en una tienda como H&M, te encontrarás con una cantidad aparentemente interminable de ropa: los últimos estilos y tendencias con interminables variaciones de patrones, colores y tallas. Es suficiente para que cualquiera se pregunte cómo se puede comprar y usar todo eso, y la respuesta corta es que mucho no lo es.

Si sumamos esto a la cantidad de ropa que la gente tira cada año, acabamos con montones de prendas no deseadas en los vertederos. En 2018, la Agencia de Protección Medioambiental de Estados Unidos estimó que 11,3 millones de toneladas de residuos sólidos municipales textiles acabaron en los vertederos. La principal fuente de estos residuos es cuya principal fuente es la ropa desechada.

Además, la industria de la moda representa el 10 por ciento de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero y está en camino de alcanzar el 25 por ciento en 2050. Sin embargo, varias tecnologías y modelos emergentes podrían ayudar a que la producción de ropa sea más sostenible.

El reto de predecir las demandas de los consumidores

La mayoría de las empresas de confección siguen un modelo de cadena de suministro “push”, lo que significa que producen bienes en función de la demanda prevista. En un sistema de suministro “push”, las empresas predicen lo que querrán los consumidores, teniendo en cuenta las diferentes tallas, las previsiones meteorológicas, etc.

“No hay forma de anticipar quién comprará qué en qué color, qué diseño, qué talla”, afirma Byoungho Ellie Jin. “No hay forma de identificar la demanda con precisión”.

Jin es profesora de Economía y Gestión Textil en la Universidad Estatal de Carolina del Norte, donde investiga la innovación en la industria textil y de la confección. Jin explica que, en comparación con otras industrias, es un reto prever las demandas de la moda.

“Piensa en otros productos, como un automóvil o un ordenador; el tamaño no importa y no hay mucha variación de color, ni de tejido”, explica Jin. “Pero en la ropa, el tejido, el diseño y el color deben ser diferentes”.

La naturaleza variable de la demanda de ropa ha dado lugar a prácticas de moda rápida en las que los fabricantes producen un excedente de ropa de menor calidad. Por un lado, no todos los artículos se venden. Por el otro, los que sí llegan a manos de los consumidores no están hechos para durar.

Nuevas tecnologías para una industria más sostenible

Para reducir el despilfarro, los investigadores están explorando la inteligencia artificial (IA), capaz de reconocer patrones en una gran cantidad de datos.

“Con la IA, podemos desarrollar una estimación de la demanda más detallada y precisa que tendrá un gran impacto en el medio ambiente”, afirma Jin.

Las empresas pueden utilizar la IA para analizar datos, como las tendencias de compra o los artículos más vendidos, y así estimar la demanda en tiempo real. Esta tecnología puede desarrollarse internamente o mediante contratos con empresas como True Fit, entre cuyos clientes se encuentran Levi’s, Macy’s y Ralph Lauren.

Los minoristas también pueden evitar el exceso de existencias de artículos utilizando la realidad aumentada (RA). Gracias a la tecnología de RA, los usuarios pueden probarse la ropa sin necesidad de ponérsela.

La realidad virtual también puede proporcionar información a las tiendas sobre las experiencias de compra de los consumidores. Jin explica que esto podría ser especialmente útil para los negocios más pequeños porque la RV podría permitir a los clientes potenciales visitar una tienda sin salir de casa. Si los compradores ven una tienda virtualmente y la encuentran agradable, es más probable que visiten el local real.

Cambiar la forma de producir textiles

Los investigadores también están reconsiderando la forma de fabricar diferentes distintos tejidos, tanto en los materiales utilizados como en los recursos que requiere su producción.

Por ejemplo, algunos científicos sugieren fabricar prendas de vestir a partir de tejidos como las fibras proteicas regeneradas que se pueden fabricar a partir de residuos alimentarios.

Cotton Incorporated, una empresa sin ánimo de lucro con sede en Carolina del Norte, se centra en la cadena de suministro. La empresa promueve la investigación de prácticas sostenibles en la producción de algodón y nuevas tecnologías para la fabricación de textiles.

Otra innovación, la impresión 3D, tiene el potencial de mejorar la personalización masiva. Las empresas podrían emplear esta tecnología para imprimir las piezas de los patrones según se necesiten, en lugar de cortarlas a partir de piezas de tela normales, lo que crea restos de tela sin utilizar.

Aunque todavía está en fase experimental, la impresión 3D podría localizar la fabricación, trasladando la producción del extranjero a Estados Unidos. También podría limitar el exceso de inventario al responder a la demanda de los clientes en lugar de anticiparse a la temporada de ventas.

El negocio de compartir

Otra práctica que se ha popularizado en múltiples sectores, incluido el de la moda, es el consumo colaborativo. Más que el típico intercambio entre amigos o familiares, este modelo implica el alquiler, el intercambio, el comercio y el préstamo de bienes entre desconocidos. Algunos ejemplos incluyen Rent the Runway o Poshmark.

El modelo de consumo colaborativo ha tenido mucho éxito. Distintas proyecciones indican que la industria del alquiler de moda en línea crecerá anualmente en un 10 por ciento, alcanzando un valor de 1.950 millones de dólares en 2026. Un estudio demostró que casi el 44% de los adultos estadounidenses están familiarizados con el concepto de consumo colaborativo, y el 72% está dispuesto a probarlo.

Pero el consumo colaborativo tiene posibles escollos. Diversos estudios han especulado con la posibilidad de que el aumento de las transacciones -y, por tanto, la mayor necesidad de transporte o embalaje- acabe superando los beneficios de la disminución de la producción.

Los consumidores cambiantes quieren marcas cambiantes

Jin señala que los compradores, especialmente los más jóvenes, están empezando a centrarse más en la sostenibilidad de sus armarios. Esa actitud es parte de lo que ha provocado el crecimiento de los modelos de servicios de alquiler, la compra de ropa de segunda mano y la búsqueda de prendas caras pero duraderas.

Ante este panorama, “los minoristas tradicionales o los fabricantes de ropa que dependían de las cadenas de suministro tradicionales deberán reconsiderar su modelo de negocio”, explica Jin, “porque los consumidores están muy interesados en la sostenibilidad y muy preocupados por salvar el planeta”.